Cuando reconocí a los monstru@s llamados narcisistas, psicópatas, sociópatas, mitómanos etc... ya era demasiado tarde para las personas que más quiero. Estaban en esa red invisible en la que te meten y te dejan con una disonancia cognitiva y un estrés postraumático que les costará años de curar.
Muchas de estas personas no son conscientes de haber estado o de estar en ese pozo de sentimientos vacíos, idealizan al monstru@ por recordar el bombardeo de amor de los primeros años vividos con él. Quieren volver a vivir esos tiempos por recordar a la persona que los enamoró, pero ese monstruo ya ha mutado y ahora es el que te asegura que tu familia no te hace bien, el que si sales con amigos se muestra encantador pero en casa los critica a todos, el que te aparta poco a poco de la gente que tú quieres, de una manera tan sutil que crees todo lo que dice, con argumentos manipulados a su antojo hace que parezcan razonables. Y tú sabes que algo no está bien pero no identificas qué es.
En el momento en el que dudas, tu cuerda está floja y cuando te ve dudar vuelve a tensarla convirtiéndose en el ser más maravilloso para ti. Tu mente no razona, tu energía mimba, y la gente no te cree si llegas a nombrar al monstru@ como a veces lo ves, ¿Qué está pasando?
Pasa que el montru@ tiene una careta para cada ser, estas personas con sus trastornos no diagnosticados carecen de empatía, están entre nosotros, son padres y madres, hermanos, parejas y amigos, o políticos, jueces y gente con poder.
Podría estar escribiendo o dando información sobre estos consumidores de energía almática pero no me voy a extender más porque seguro haré una segunda y tercera parte.
Como dijo Ghandi: que nadie camine por mi mente con los pies descalzos.












